Muere Nikolaus Harnoncourt

Esta mañana recibíamos la triste noticia del fallecimiento, esta pasada noche, del gran maestro Nikolaus Harnoncourt.

N.H.2

El director austriaco (aunque nacido en Berlín), anunció su retirada de la vida profesional el pasado mes de diciembre, un día antes de cumplir 86 años.

Mis fuerzas físicas me obligan a cancelar todos mis planes futuros. Explicó Harnoncourt el 5 de diciembre de 2015.

Por si lo no conocíais, os dejo una breve biografía y algún documento gráfico. Y os recomiendo encarecidamente que os acerquéis a su mundo, pues es sin duda uno de los músicos más influyentes de los últimos tiempos.

Los hermanos Harnoncourt

Nikolaus (derecha) con su hermano René (en el medio, tocando el violín) y Philipp, invierno 1933/34

Nacido en 1929 en el seno de una familia aristocrática estrechamente ligada a la música —aunque ninguno se había dedicado profesionalmente a ella, todos tocaban algún instrumento, principalmente el piano—, pasó su infancia en Graz, siendo esta una etapa que el músico describía como feliz y sin complicaciones. Durante esa época, el niño Niki recibió sus primeras clases de música a través del piano, instrumento que confesaba haber odiado (probablemnte por llevar la contraria a la familia), sin llegar a tocar ni practicar demasiado. De modo que se le dio como alternativa el violonchelo, que pareció ser mejor recibido.

Una de las primeras anécdotas que marcaron la vida y carrera musical de Harnoncoaurt fue su primer contacto con  la ópera “Porgy and Bess” de Gershwin. Quizá fuera precisamente ésta la que influyó más directamente sobre nuestro maestro, de hecho. Probablemente, de no conocer esta historia de la familia Harnoncourt, cualquiera diría que debió ser alguna pieza de Bach, Händel, Monteverdi…, pero no: la pieza que más impresionó a Nikolaus Harnoncourt fue una opera compuesta en el siglo XX. Todo partió de su tío René, director del New York Museum of Modern Art y amigo del compositor americano, quien envió a su familia uno de los primeros ejemplares impresos de la ópera. Al recibirla, siendo Harnoncourt aún muy pequeño, su padre la interpretó al piano y el niño quedó impresionado. Cuan grande sería el impacto, que años más tarde se convertiría en una de sus obras favoritas.

Todo esto ocurría en la década de los treinta. Pero, como ocurre con tantas biografías de los nacidos en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial, su vida y su carrera estuvieron marcadas por la historia reciente de nuestro continente. En 1938, las tropas de Hitler invadieron Austria y dio comienzo un periodo de terror que ponía fin a la infancia idílica y feliz de sus primeros años de vida. En 1944, la familia Harnoncourt huyó del nazismo instalándose en la zona montañosa (y de belleza inigualable, por cierto) de Salzkammergut, donde recibió clases de violonchelo de Paul Grümmer y comenzó a sentir deseos de dedicarse profesionalmente a la música. En concreto, se despertó en él un especial interés en la música para teatro de títeres (o marionettentheater), una corriente artística muy arraigada en Austria.

En 1948, ya más decidido por la interpretación musical que por el teatro de marionetas, se trasladó a Viena, donde estudió violonchelo con Emanuel Brabec, solista de la Orquesta Filarmónica de Viena. A principios de los años cincuenta, siendo aún estudiante de violonchelo en la capital austriaca, comenzó a descubrir su pasión por la música antigua, llegando a fundar un cuarteto de viola da gamba con, entre otras, quien sería su esposa, Alice Hoffelner.

Su interés por la interpretación historicista siguió incrementándose año tras año y es en ese campo en el que el gran Nikolaus Harnoncourt ha dejado una huella indiscutible. Una huella que se extendió a todo el mundo, pero cuya máxima representación se encuentra en el Concentus Musicus Wien, grupo que fundó en 1953 y cuyo espíritu de estudio exhaustivo puede sintetizarse en el siguiente dato: el conjunto no aceptó interpretar en público hasta pasados cuatro años de ensayos. Ahí es nada…

Entre los años 1952 y 1969 fue miembro de la Orquesta Sinfónica de Viena, que hasta el año 1960 dirigía Karajan. En 1972 pasó del cello a la batuta, que no soltó hasta hace apenas unos meses.

Una de las facetas que más me gustaban de Harnoncourt fue su defensa de la presencia de la música en la educación de todo individuo.

¿Habría llegado Einstein a la teoría de la relatividad, de no haber tocado el violín? Yo estoy seguro de que no.

Nikolaus Harnoncourt.

Os dejo una pequeña entrevista que concedió hace unos cinco o seis años en la que expone su postura al respecto. Y después, por supuesto, una interpretación del gran maestro frente al Arnold Schoenberg Choir y el Concentus Musicus Wien. Espectacular Magnificat de Bach.

Para terminar, por si tenéis tiempo (y a pesar de que imagino que la mayoría de vosotros no entenderéis el alemán), os dejo un documental en el que el propio Harnoncourt habla de su vida y su música.

La polirritmia nos convierte en atletas

No hay duda, la polirritmia es uno de los temas que más preocupa a los intérpretes. Sobre todo a los percusionistas y pianistas, que tarde o temprano tienen que ser capaces de tocar un ritmo binario en una mano (dos notas iguales por pulso) contra uno ternario (tres notas por pulso) en la otra. A la vez, sí. La primera vez que esto aparece en clase, los alumnos suelen mirarme como si fuera un extraterrestre y no dan crédito cuando les demuestro que de verdad es posible. El empleo de palabras ayuda mucho a conseguir un buen resultado y, personalmente, recurro mucho a ello.

Di: PLÁ-TA-NO, PLÁ-TA-NO, PLÁ-TA-NO… Ahora di: FRE-SA, FRE-SA, FRE-SA… Ahora tu mano derecha dice plátano y tu mano izquierda dice fresa. ¡Ya está, polirritmia conseguida!

polirritmia

No, claro que no se consigue así de fácil. Algunos alumnos tienen una habilidad rítmica asombrosa y en poco tiempo sacan incluso ritmos de 5 contra 3. Otros tienen que trabajar más para conseguirlo. Pero con paciencia y mucho trabajo, todos los músicos llegan a dominar la polirritmia.

Y según este artículo, eso nos convierte en verdaderos atletas. Está en inglés, pero me ha parecido interesante compartirlo con vosotros.

Podéis leerlo pinchando aquí.

Ah, y para ilustrarlo, os dejo también la Fantasía Impromptu op. 66 de Chopin a al que en el artículo hacen alusión. Una de esas obras por las que la mayoría de los pianistas hemos pasado por recomendación de nuestros maestros precisamente para dominar ese dichoso 4 contra 3. El pianista es Rubinstein.

 

90 años divinos

Hoy se cumplen 90 años del nacimiento de la grandísima e inimitable María Callas, la soprano de origen griego nacida en Nueva York el 2 de diciembre del año 1923.

¿Quién no ha escuchado hablar de la figura de “la Callas”, siempre envuelta en un cierto misticismo? Y es que María Callas es verdaderamente un mito. Poseía una voz espectacular, que trabajó día y noche desde una edad muy temprana, pero no era solo su voz lo que la convirtió en la soprano más aclamada —y por desgracia también la más criticada— de las primeras filas de los teatros. Su entrada en escena hacía enternecer al más insensible y escéptico de los públicos, pues su capacidad interpretativa era absolutamente magistral. Ella era mucho más actriz que sus colegas del mundo de la ópera.

Maria_CallasSu tesitura era más amplia de lo normal en una soprano, su expresividad más marcada, su variedad de colores más particular, su técnica más depurada, su conocimiento musical más exhaustivo… En fin, qué se puede decir, Callas era Divina.

Pero no todo fueron glorias para nuestra homenajeada. Tenía un fuerte temperamento, era perfeccionista y exigente. En más de una ocasión, protagonizó escándalos dentro y fuera del ámbito profesional. Se rodeó de grandes figuras, llegando a casarse con Giovanni Meneghini, un acaudalado empresario italiano que se convirtió en su agente, siendo el principal responsable del creciente éxito y caché de su mujer. Pero el hecho que más revuelo causó, llevándola a las portadas de la prensa internacional, fue su relación con Aristóteles Onassis, el magnate griego por quien María dejó a su marido.

Coincidió además esa época con una mala racha profesional de Callas, así que es fácil imaginar que pronto la crítica unió rápidamente dichos cabos. Y llegó la decadencia de la gran artista. Su vida privada la golpeó con fuerza, su voz ya no era la misma y su público se lo recordaba constantemente. Así que cayó en depresión, de la que intentaba salir a base de somníferos y barbitúricos hasta que a principios de los 70 realizó una tentativa de suicidio. Murió en el 77, no se sabe si por un fallo cardiaco o por sobredosis.

Hoy Google rinde homenaje a María Callas con este doodle:

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Y nosotros compartimos el siguiente vídeo, donde aprenderéis algo más de la voz por excelencia:

El valor de la Técnica Alexander

Todos sabemos que los recortes están haciendo estragos en todos los campos. Por supuesto, la música y la educación musical profesional no se han librado de ellos. Hoy he firmado una petición en change.org dirigida al Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y que solicita que se tenga en cuenta la importancia de la asignatura Técnica Alexander.

fachadaRCSMMCuando fui estudiante de ese centro, experimenté infinidad de anécdotas y detalles decepcionantes. Sin necesidad de ver cómo se abordaba la educación musical superior fuera —hablo de cómo lo hacían en otros centros superiores de España pero, sobre todo, fuera de ella, en Alemania, Austria, Estados Unidos, Suiza, Finlandia y un larguísimo etcétera— uno se daba cuenta en poco tiempo de que las cosas en el RCSMM no funcionaban correctamente. Un centro tan grande, con docentes de altísimo nivel, recursos (aún no estábamos en crisis), posibilidades… Y todo sin aprovechar o aprovechado solo en beneficio de unos pocos. Algo más parecido a la política que a un centro educativo superior. En fin, qué os voy a contar…

El caso es que no todo fue negativo en mis años de formación superior. Insisto en que el RCSMM posee muchas de las condiciones idóneas para ofrecer al estudiante de últimos años una formación fabulosa. Y en algunos rincones escondidos del antiguo Hospital Clínico San Carlos, tuve la oportunidad de adquirir conocimientos y experiencias que siguen acompañándome día a día y empleo, sin ir más lejos, en mi trabajo docente y estudio personal. Uno de esos rincones era el aula de Técnica Alexander, una asignatura optativa que todos aquellos que la cursamos recordamos con especial afecto y valoramos hasta el punto de opinar unánimemente que debería ser incluida en la enseñanza musical profesional desde mucho antes (¿cuántas lesiones típicas de los músicos habríamos evitado de haber cursado la asignatura en los primeros años del Grado Profesional?). Y si con afecto recordamos la asignatura, las palabras se quedan cortas para expresar lo que significó para muchos de nosotros Lourdes García de Vera, la profesora que nos introdujo  en el mundo de la Técnica Alexander.

Lourdes es una profesora excepcional, seria, implicada y volcada en ayudar a que nosotros, músicos en plena formación que llevábamos por aquel entonces entre diez y quince años practicando un instrumento en la misma incorrecta posición,  fuéramos por primera vez en nuestras carreras, conscientes de la importancia que tenía nuestro cuerpo en todo el proceso de la interpretación musical.

Lamentablemente, a partir de este curso el RCSMM reduce al 50% las plazas en esta asignatura y prescinde de Lourdes, una de sus mejores profesoras, dejando huérfanos a muchos músicos inconscientes.

Por eso Laura, antigua alumna del Conservatorio, ha creado esta petición con la esperanza de que la Técnica Alexander vuelva al lugar que se merece, con su carga lectiva y número de alumnos.

Si estáis de acuerdo y queréis firmar, aquí está la petición:

https://www.change.org/es/peticiones/rcsmm-devolver-a-la-t%C3%A9cnica-alexander-su-carga-lectiva-y-n%C3%BAmero-de-alumnos-to-give-alexander-tecnique-its-credits-and-hours-of-class-back

Nuevo curso. ¿Nos apuntamos a música?

Nosotros llevamos ya una semana de clases, pero es en estos días cuando todos los alumnos vuelven al cole. Y es el momento de plantear las actividades extraescolares de los niños. Fútbol, natación, ballet, pintura… y música, por supuesto. ¿Qué os parece si iniciamos la actividad bloguística del curso 2013-2014 con doce buenas razones para elegir la música como actividad para nuestros hijos?

Hace unos días, en la web www.sonrisasyvida.org aparecía este artículo, que destacaba los beneficios que tiene el aprendizaje de la música en estos doce puntos:

1. Desarrollo de la psicomotricidad

Para tocar un instrumento lo primero es conseguir que suene ya sea soplando, frotando un arco, pulsando una tecla o rasgando una cuerda. Una vez conseguido esto, el siguiente paso es dar “forma” al sonido y tocar notas concretas accionando los mecanismos necesarios. Todo ello mientras se lee la partitura. Un ejercicio de psicomotricidad de lo más completo.

2. Competencias en idiomas

Esa partitura de la que acabamos de hablar contiene instrucciones precisas sobre el ritmo, la altura, la duración, la velocidad, el carácter y la técnica precisa para tocar las notas; expresadas solamente con lineas, puntos, y algún que otro símbolo. Es como aprender a leer otro alfabeto, de la misma manera que si aprendemos ruso, griego o mandarín. Pero vamos más allá: la música tiene frases, sintagmas (semifrases) y palabras (motivos) que dan sentido al discurso musical, un auténtico sistema sintáctico que da coherencia a la música. Mientras aprenden música mejorarán su aprendizaje en conceptos propios de las lenguas y las competencias necesarias para aprehenderlas.

3. Pensamiento lógico

Especialmente en los primeros cursos -en los que se asimilan e interiorizan los conceptos básicos de la música-, las matemáticas y la lógica son fundamentales para comprender e interpretar el ritmo. Por eso, estudiar música desarrolla el razonamiento lógico-matemático y estructura los mapas mentales.

4. Pensamiento múltiple

Además de la psicomotricidad que mencionábamos para tocar el instrumento, hay que tener en cuenta que las notas deben sonar con la duración, afinación, intensidad, ritmo e intención que se nos pide en la partitura. O que nos pide el director. O nuestro compañero de atril. O todos a la vez.

5. Sensibilidad artística

Por encima de cualquier requerimiento técnico la música es un arte. Siendo así, tocar un instrumento desarrolla la creatividad a través de la experimentación, canaliza la exteriorización de los sentimientos y fomenta el desarrollo del criterio artístico.

6. Capacidad de autoescucha y reflexión

Es evidente que para dominar un instrumento hay que escuchar lo que se está tocando, analizarlo y corregir lo que sea necesario. Con el tiempo, el hábito de escucharse a uno mismo va más allá del instrumento y con ello el análisis y la reflexión de lo que nos decimos a nosotros mismos.

7. Empatía y habilidades sociales

Además de escucharse a sí mismo, para poder tocar en grupo es imprescindible escuchar a los demás, por lo que se desarrolla la empatía. Si el grupo es grande, como una banda o una orquesta, también se desarrollan las habilidades sociales necesarias para relacionarse con los demás miembros.

8. Educación en valores

Tocar con solvencia un instrumento no es fácil ni rápido. Requiere trabajo constante, esfuerzo y perseverancia; unos valores que la inmediatez de nuestro acelerado mundo parecen haber olvidado. Al mismo tiempo, tocando en público deberán superar sus miedos.

9. Autoestima

Los pequeños avances que día a día experimentará serán una fuente de satisfacción que gratificarán todo el esfuerzo invertido. A medio plazo el control sobre el instrumento será mayor, con lo que también crecerá la motivación y el perfeccionismo; al cabo de los años podrá mirar atrás y ver que ha merecido la pena y todo ha sido posible gracias a sí mismo.

10. Serán más responsables y cuidadosos

A excepción de los instrumentos más grandes (piano, órgano, clave, arpa, percusión, contrabajo…), cada estudiante utiliza su propio instrumento, tanto en el estudio personal como en clase. Los instrumentos musicales son delicados y por tanto requieren cierto cuidado en su manipulación y mantenimiento; en otras palabras: un instrumento necesita que seamos responsables y cuidadosos con él.

11. La casa será más alegre

Vale, un estudiante repitiendo hasta la saciedad la misma pieza (que encima suena desafinada) puede llegar a cansar, pero hay que reconocer que siempre da alegría a la casa (o al bloque de pisos, o a la calle entera…).

12. Queda muy bien en las celebraciones familiares

La escena de los más pequeños amenizando la velada con sus instrumentos es un clásico. Ellos contentos de demostrar lo que son capaces de hacer y los mayores babeando de verlo. Entrañable.

Sonrisas & Vida. 21 de Agosto de 2013.

La universidad en la calle

Nos importa la educación, no solo la musical. Y no corren buenos tiempos para ella, ya lo sabemos…

Por eso es momento de luchar. Luchar por lo que verdaderamente importa. Mañana, la universidad sale a la calle con el propósito de defender la enseñanza universitaria pública, su patrimonio y su correcta financiación.

Así nació la idea:

Así nació el blog la “La complu en la calle” (sigue leyendo)

Y así será el mapa de “lecciones en la calle” mañana en Madrid:

Mapa de clases por la ciudad de Madrid, 28 de noviembre, 2012. “La complu en la calle”

¿Te animas a dejarte ver por la complu? Además, la jornada se cerrará con una actuación del Coro Microcosmos de la Facultad de Biología, a las 21:00 h. en la Puerta del Sol.

Toda la información en:

lacompluenlacalle.blogspot.com.es

All Hallows’ Eve

Esta tarde, muchos alumnos faltarán a su clase de piano, violín o lenguaje musical para poder asistir a sus fiestas de Halloween. Está bien, no nos ofendemos, sabemos que es una cita importante para ellos…

Hace unos veinte años, sin embargo, eran pocos los que sabían qué era o celebraban Halloween —yo misma conocí la fiesta en los años noventa en Irlanda, durante un intercambio, y pude ver cómo todos los niños se disfrazaban e iban en grupos a pedir caramelos y manzanas por el vecindario (sí, sí, esto no se ve en España, pero tradicionalmente se entregaban manzanas), terminando la noche con una enorme hoguera—, pero en estas dos últimas décadas la tradición se ha extendido hasta convertirse en una de las fechas más esperadas del año por muchos niños. Claro, que la mayoría solo pensará en su disfraz y en cuántas chuches conseguirá esta vez. Ya no se preguntan —si es que alguna vez lo hicieron— de dónde viene la fiesta, por qué se disfrazan de esqueletos y brujas, por qué llevan calabazas con ojos y boca o por qué llaman a las puertas de los vecinos diciendo ¿Truco o trato?. Mucho menos saben dónde y cuándo se originó la tradición ni si tiene o no relación con que al día siguiente no haya cole. También es cierto que con la cantidad de factores que han influído en la citada tradición, no es de extrañar que la gente no se entere.

Lo que sí está claro es que la palabra Halloween viene de all hallows eve, cuya traducción literal es la víspera de todos los santos y que, pronunciado rápido y sin cuidado por algún escocés hace varios siglos, suena más o menos como hoy pronunciamos Halloween. De modo que ya podemos deducir que sí hay un nexo entre la noche en que las calles se visten de negro y naranja y la festividad de Todos los Santos, ese día en que tradicionalmente en nuestro país se llevaban flores a las tumbas de nuestros seres queridos (tradición que sigue viva, por cierto). Por eso mañana no tenéis cole…

Sin embargo, el verdadero origen de todo no tiene nada que ver con la religión cristiana, sino más bien con la cultura celta, por lo que hablamos de una tradición milenaria. En aquella cultura politeista, el año nuevo comenzaba en noviembre. Para recibirlo y tras cerrar el tiempo de la cosecha, el pueblo se preparaba almacenando provisiones y sacrificando al ganado más débil por considerar que no sobreviviría al invierno. Además, como los días se hacían más cortos, los celtas pensaban que en esta noche, los muertos podían cruzarse con los vivos, cosa que no les hacía mucha gracia, como es natural. De ahí las hogueras que aún se encienden en Irlanda esta noche, pues conmemora la manera en que las familias intentaban ahuyentar a los espíritus. Y la vestimenta… pues poco más o menos: cuanto más horribles parecieran los vivos, pensaron, más lejos se irían los muertos.

Por otra parte, pero siempre dentro de la cultura celta, los druidas celebraban el ritual de invocación de Samhain, el dios de los muertos, a quien hacían ofrendas a cambio de las predicciones del nuevo año. Cuentan que estos rituales estaban coronados con nabos huecos, rellenos de carbón que encendían para atraer el poder que les otorgaban los espíritus.

Lo de ir de casa en casa pidiendo dulces, representa la costumbre que tenían las familias de dejar alimentos para los espíritus (¡los buenos, no los malos, que a esos los espantaban con fuego y disfraces terroríficos!), ayudándolos así a encontrar el camino hacia la luz junto al dios Sol en la Tierra del Verano.

La fiesta fue transformándose debido a múltiples factores. Por un lado, la romanización de la mayor parte del territorio celta (aunque en este caso, la tradición del culto a Samhain sobrevivió casi intacta), por otro, la cristianización de la fiesta en el siglo VIII y, ya en los siglos XVIII y XIX, con la migración irlandesa a Estados Unidos, sufrió ciertos cambios nacidos de la necesidad, como las calabazas que sustituyeron a los nabos empleados en Europa y cuyo significado se transformó (ya no se usaban para invocar sino para ahuyentar a los espíritus), o la inclusión de algunas creencias procedentes del centro y sur del continente americano.

Total, que podríamos decir que Halloween es una tradición internacional. Y aunque aquí tenga casi tantos detractores como defensores, lo cierto es que para los más pequeños, ya forma parte de sus vidas, de sus costumbres…

Así que a todos ellos, y a los mayores que hoy saldrán a celebrar al celta Samhain:

¡Feliz Halloween!