All Hallows’ Eve

Esta tarde, muchos alumnos faltarán a su clase de piano, violín o lenguaje musical para poder asistir a sus fiestas de Halloween. Está bien, no nos ofendemos, sabemos que es una cita importante para ellos…

Hace unos veinte años, sin embargo, eran pocos los que sabían qué era o celebraban Halloween —yo misma conocí la fiesta en los años noventa en Irlanda, durante un intercambio, y pude ver cómo todos los niños se disfrazaban e iban en grupos a pedir caramelos y manzanas por el vecindario (sí, sí, esto no se ve en España, pero tradicionalmente se entregaban manzanas), terminando la noche con una enorme hoguera—, pero en estas dos últimas décadas la tradición se ha extendido hasta convertirse en una de las fechas más esperadas del año por muchos niños. Claro, que la mayoría solo pensará en su disfraz y en cuántas chuches conseguirá esta vez. Ya no se preguntan —si es que alguna vez lo hicieron— de dónde viene la fiesta, por qué se disfrazan de esqueletos y brujas, por qué llevan calabazas con ojos y boca o por qué llaman a las puertas de los vecinos diciendo ¿Truco o trato?. Mucho menos saben dónde y cuándo se originó la tradición ni si tiene o no relación con que al día siguiente no haya cole. También es cierto que con la cantidad de factores que han influído en la citada tradición, no es de extrañar que la gente no se entere.

Lo que sí está claro es que la palabra Halloween viene de all hallows eve, cuya traducción literal es la víspera de todos los santos y que, pronunciado rápido y sin cuidado por algún escocés hace varios siglos, suena más o menos como hoy pronunciamos Halloween. De modo que ya podemos deducir que sí hay un nexo entre la noche en que las calles se visten de negro y naranja y la festividad de Todos los Santos, ese día en que tradicionalmente en nuestro país se llevaban flores a las tumbas de nuestros seres queridos (tradición que sigue viva, por cierto). Por eso mañana no tenéis cole…

Sin embargo, el verdadero origen de todo no tiene nada que ver con la religión cristiana, sino más bien con la cultura celta, por lo que hablamos de una tradición milenaria. En aquella cultura politeista, el año nuevo comenzaba en noviembre. Para recibirlo y tras cerrar el tiempo de la cosecha, el pueblo se preparaba almacenando provisiones y sacrificando al ganado más débil por considerar que no sobreviviría al invierno. Además, como los días se hacían más cortos, los celtas pensaban que en esta noche, los muertos podían cruzarse con los vivos, cosa que no les hacía mucha gracia, como es natural. De ahí las hogueras que aún se encienden en Irlanda esta noche, pues conmemora la manera en que las familias intentaban ahuyentar a los espíritus. Y la vestimenta… pues poco más o menos: cuanto más horribles parecieran los vivos, pensaron, más lejos se irían los muertos.

Por otra parte, pero siempre dentro de la cultura celta, los druidas celebraban el ritual de invocación de Samhain, el dios de los muertos, a quien hacían ofrendas a cambio de las predicciones del nuevo año. Cuentan que estos rituales estaban coronados con nabos huecos, rellenos de carbón que encendían para atraer el poder que les otorgaban los espíritus.

Lo de ir de casa en casa pidiendo dulces, representa la costumbre que tenían las familias de dejar alimentos para los espíritus (¡los buenos, no los malos, que a esos los espantaban con fuego y disfraces terroríficos!), ayudándolos así a encontrar el camino hacia la luz junto al dios Sol en la Tierra del Verano.

La fiesta fue transformándose debido a múltiples factores. Por un lado, la romanización de la mayor parte del territorio celta (aunque en este caso, la tradición del culto a Samhain sobrevivió casi intacta), por otro, la cristianización de la fiesta en el siglo VIII y, ya en los siglos XVIII y XIX, con la migración irlandesa a Estados Unidos, sufrió ciertos cambios nacidos de la necesidad, como las calabazas que sustituyeron a los nabos empleados en Europa y cuyo significado se transformó (ya no se usaban para invocar sino para ahuyentar a los espíritus), o la inclusión de algunas creencias procedentes del centro y sur del continente americano.

Total, que podríamos decir que Halloween es una tradición internacional. Y aunque aquí tenga casi tantos detractores como defensores, lo cierto es que para los más pequeños, ya forma parte de sus vidas, de sus costumbres…

Así que a todos ellos, y a los mayores que hoy saldrán a celebrar al celta Samhain:

¡Feliz Halloween!

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Acerca de escuelamusikum

Una nueva escuela en Las Matas (Madrid) que se propone acercar la música a niños y adultos que quieran conocer este arte tanto de forma profesional como amateur.
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