Las obras póstumas

Hay algo que une las figuras de Fryderyk Chopin y Franz Kafka, y ese algo hace alusión a una extraña petición que compositor y escritor realizaron a propósito de las obras que se pudieran encontrar tras su muerte. Ambos dieron instrucciones explícitas de que todo documento que no hubiera sido publicado en vida, fuera destruido. Con estas palabras se dirigía Chopin a sus amigos, poco antes de morir en su casa de París:

Encontraréis muchas partituras, más o menos dignas de mí. En nombre del amor que me tenéis, por favor, quemadlas todas excepto la primera parte de mi método para piano. El resto debe ser consumido por el fuego sin excepción, porque tengo demasiado respeto por mi público y no quiero que todas las piezas que no sean dignas de él, anden circulando por mi culpa y bajo mi nombre.

Por suerte para la cultura, no se tuvieron en cuenta los deseos de los autores y es así como han llegado hasta nosotros obras como El proceso o El castillo en el caso del escritor y algunas de las Mazurcas más interesantes o la famosísima Fantasía Impromptu del compositor polaco.

Sorprenderá a muchos de quienes lean este Blog, tal vez, que elija para la ocasión uno de los Valses con menor trascendencia de Chopin, pero tras la decisión existe un matiz personal que puedo explicar: al ser una de las primeras obras chopinianas abarcables por los estudiantes de piano, en varias ocasiones la he trabajado con mis alumnos y es a ellos a quienes va dedicado este vídeo.

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